Straw Dogs (Sam Peckinpah, 1971)
Harrison Ford, un experto en seguridad financiera, septuagenario ya, le clava un hacha al ladrón Paul Bettany en la espalda. (Bettany casado con Jennifer Connelly... Buen actor, además) Antes de cargársel
o, ya había matado a otros dos maleantes. Y la película termina con un alegre plano de la familia Ford, perro incluido, subiendo por la ladera de la colina donde se desarrolla la última escena de la película. Una familia de clase alta americana se las arregla para sobrevivir sin un rasguño a un secuestro perpetrado por seis o siete profesionales del crimen. No sobrevive ni uno. Impresionante.
o, ya había matado a otros dos maleantes. Y la película termina con un alegre plano de la familia Ford, perro incluido, subiendo por la ladera de la colina donde se desarrolla la última escena de la película. Una familia de clase alta americana se las arregla para sobrevivir sin un rasguño a un secuestro perpetrado por seis o siete profesionales del crimen. No sobrevive ni uno. Impresionante.Estoy hablando de "Firewall". La cosa transcurre más o menos potable, hasta que Ford se lía la manta a la cabeza y se pierde cualquier amago de verosimilitud. En los últimos 15 minutos uno ya empieza a pensar lo que va a hacer al día siguiente, porque ya se sabe lo que va a suceder y exactamente cómo va a suceder. Y como "Firewall", hay cientos de miles de millones de películas que se desarrolan con la misma idea: hombre normal que, junto a su familia, se ve inmerso en una situación violenta que pone a prueba su valor para defender lo que cree es suyo. El problema es que pocas películas con esta idea logran la verosimilitud a la que me refería. "Perros de paja", lo consigue. Y va más allá. Estremece.
Un matemático pedante y pusilánime con un pivón al que todos le miran el escote. Pero el pasa de todo, porque es muy listo. Su arma es su cerebro. Y su método la paciencia. Con los números y con las personas. Un pueblito inglés, es el lugar donde encontrará la tranqu
ilidad para centrarse en su pizarra y en sus números. La rubia le acompaña. También es paciente con ella, y con su cerebro.
ilidad para centrarse en su pizarra y en sus números. La rubia le acompaña. También es paciente con ella, y con su cerebro.Los habitantes del pueblucho se sienten atraidos por la novedad. Se interesan por la vida del americano y su novia, y les ofrecen ayuda para unas sencillas labores de bricolaje. Al matemático, no le va nada utilizar las manos y eso se lo deja a los rudos y amables, aunque algo mirones, mozos del pueblo. Una cervezita por aquí, un chiste por allá. Compadreo. Una invitación a ir de caza. Al matemático no le van las armas, pero, ¡qué diablos! "Aunque estos tipejos no sean como mis colegas de la universidad, seguro que me divertiré. Un poco de emoción no me vendrá mal".Pero algo sucede en casa mientras él está fuera. Y todo se complica.
¿Hasta donde somos capaces de llegar en una situación límite? No hablo de John Rambo, ni de un personaje de Tarantino. Nosotros. Personas reales. ¿Hasta donde es capaz de llegar el matemático? La vida nos enseña que hay que ser pacientes, utilizar el sentido común, la cabeza. No guiarse por impulsos, por el pito, por el puño. ¿Pero y si los demás se quieren divertir a su manera? ¿Y si tienen un montón de botellas de whisky? Habrá que seguir dialogando ¿no? Incluso aunque tu novia dude de tu valor. Incluso aunque se te hinchen las pelotas y tengas ganas de soltar un taco. Calma, ante todo, calma...

El borracho, misógino y maltrador Sam Peckinpah dirigió y adaptó el guión de esta formidable película. Peckinpah, conocido especialmente por "Grupo Salvaje" o "La huida", alcanzó con "Perros de Paja" la cumbre de su carrera. Sería su penúltima película, y para mi la mejor de las que he visto. Dustin Hoffman, 4 años después de "El Graduado" y dos años después de ganar un Oscar por Cowboy de Medianoche, encarnaba al protagonista.
Aun hoy siempre, que oigo el término violencia gratuita aplicado al cine recuerdo esta película. A lo mejor muchos lo podrían aplicar en este caso. Yo no lo veo así. Nada en ella es arbitrario. Todo justificado. La tensión aumenta lentamente a lo largo de toda la historia, hasta que los sudores de los protagonistas se trasladan a tu sillón. E inevitablemente, tomas partido. Y en la parte final de la peli, en vez de pensar en la lista de la compra de mañana, se te olvida hasta que suena el teléfono. Esa es la diferencia entra todas las Firewalls y "Perros de paja".
Nunca se sabe muy bien la razón por la que una película se queda a vivir en el subconsciente. Esta es una de las que pegó una patada en la puerta del mío. Y ahí sigue.
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