
Los sindicatos se han manifestado para no se qué hostias. Algo de las pensiones, dicen. Ya pocos tragan con esta pléyade de pendejos subvencionados. Pero, sin embargo, no hay nada que hacer. Los ciudadanos no sabemos movilizarnos solos. Salvo que sea por un asunto deportivo o por el Carnaval, aqui nadie mueve un dedo. Somos idiotas.
Estamos en niveles de paro nunca vistos y los sindicatos se movilizan por una gilipollez. Sin atacar a nadie concreto. Sólo para justificar que existen. Estas organizaciones ya sólo se representan a sí mismas y a sus increibles privilegios. En este caso, esos dos individuos de la foto se reunieron con el presidente del gobierno y le dijeron que no les quedaba otra que manifestarse. Que la cosa estaba chunga y la gente empezaba a preguntarse dónde cojones estaban metidos los miserables sindicalistas. El presidente dice ahora que "se estudiarán sus demandas". Una comedia. Pero nosotros somos tontos y tragamos con todo.
Hace muchos años me llamaban la atención una serie de pintadas que aparecían en las paredes: "los sindicatos son burdeles". Me hacia gracia cuando era pequeño. Ya conocía lo que era un burdel pero no sabía muy bien a qué se dedicaba un sindicato. Ahora sigo sin saberlo. Pero ya entiendo la pintada. La política es un enorme burdel en el que, él que más gana, es quien mejor la chupa.
La crisis pasará. Las putas cambiarán sus nombres y sus caras. Pero todo seguirá igual. Y, en mi caso, como en el de otros, ya es tarde para aprender el oficio.
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