sábado, 13 de noviembre de 2010

"En el mundo de Yupi" Crítica literaria II

EN EL MUNDO DE YUPI

por Esteban Gutiérrez Gómez

Me llamó por la tarde. Sólo para charlar un rato, un kitkat en el trabajo. Sonaba deliciosa.
Volvió a llamarme sobre las ocho, por si la iba a buscar. Estaba eufórica. El fin de semana, los planes, ya sabes. No me dejó contestar, prefería que fuese haciendo los filetes para la cena.
Así tenemos más tiempo.
A su hora sonó la puerta y fui a buscarla al recibidor. Me besó. Un beso de quince segundos, de esos que prometen futuros cercanos llenos de pasión.
Y fue al entrar en la cocina, al ver la nueva sartén de tres capas de teflón sobre la vitrocerámica, cuando empezó la tormenta.
-No sé por qué te mando nada. ¿No ves que era nueva, que estaba sin estrenar? Para dos filetes de mierda tienes que ensuciarla..., claro, como luego no la limpias tú. Desde luego, hijo, vives en el mundo de Yupi.
Intenté decir algo. Intenté razonar, pero solo escuchaba añejas palabras de reproche.
Los ecos de su letanía rebotaban por el pasillo y aún desde la habitación, donde estaría cambiándose de ropa, se oían las quejas.
Cogí la sartén, vacié los filetes sobre un plato, empapé la esponja con agua caliente y, sin ningún detergente, tal como indicaban las instrucciones de limpieza, acaricié la superficie de triple teflón. La suciedad se deslizó como por una pista de patinaje. La enjuagué y la sequé con un paño. Quedó como si todavía estuviese sin estrenar. Luego me senté frente al televisor.
Ya no me apetecía nada.
Por la noche, en la cama, debí romper la quietud del descanso con dos profundos suspiros.
-¿Qué te pasa ahora?, me preguntó.
-Nada, le dije. Últimamente no sé qué me pasa, que no hago más que suspirar.

Relato extraído de la revista http://www.narrativas.com/
Blog del autor: www.bacovicious.blogspot.com/

Este relato podría definirse como costumbrista. Nos narra en pocas líneas una anécdota protagonizada por dos personas. Una anécdota cotidiana sin trascendencia ninguna. ¿Es esto un problema? En absoluto, uno de los más habituales recursos literarios, sobre todo en el ámbito de la “literatura mínima”, es la sublimación de un suceso cotidiano. Es decir, partir de una anécdota cualquiera, de poca o ninguna importancia, para crear una historia original que trascienda la mera anécdota. Para ello, es necesario hacer un análisis previo del suceso; investigar sus posibilidades literarias y tener muy claro qué queremos contar. ¿Es nuestra intención comunicar la anécdota sin más? ¿O queremos, a través de ella, contar algo más, transmitir nuevos significados?

La sensación que tengo yo al leer este relato es que se nos ha transmitido una anécdota, sin más. Desconozco las intenciones del autor, pero de existir una pretensión más ambiciosa, yo no soy capaz de percibirla. Esta apreciación tiene una vertiente subjetiva. Ya que soy yo el que no la percibo. Pero también una objetiva, ya que analizando la estructura y los recursos del relato, nada hace indicar que este relato contenga “algo más que una anécdota”.

Se trata de una historia humorística que busca divertirnos. El vocabulario relajado (en general) y algunos detalles nos lo anuncian. La referencia al “kitkat” en la primera línea es uno de ellos y también “el beso de quince segundos, que anuncian futuros cercanos llenos de pasión”. En ese momento el lector va animándose ante lo que puede venir a continuación. Ante esa “tormenta” que nos va a narrar. El propósito inicial se ha conseguido. Se ha despertado cierto interés por la acción. Y se nos ha aclarado que se trata de un asunto humorístico. Esperamos soltar una carcajada al final del relato.

Pero la carcajada no llega. Y tampoco se trata de un truco para engañar al lector enmascarando un drama dentro de un relato aparentemente humorístico. El diálogo se sucede, mostrándonos el tema central del texto: la polémica de la sartén. La limpieza de la misma está bien descrita “con esa suciedad que se desliza como en una pista de patinaje”. Pero tras ella continuamos esperando que la fase final del relato nos indique el camino donde podremos encontrar la risa. El personaje suspira y nosotros también. Se ha terminado y nos falta algo.

La anécdota está bien descrita. Y empatizamos con el personaje protagonista, con “sus buenas intenciones” y “la maldita sartén con tres capas de teflón que evitan una noche de llena pasión”. Pero el desarrollo del relato no da lo que promete. Nosotros esperábamos reírnos. Pero sólo sonreímos (si ese día no ha sido malo del todo).

Contribuye a esta sensación de vacío que deja el relato la elección de su título. No acaba de encajar, desde mi punto de vista, en el contenido del texto. Ni el título, ni su inclusión dentro del diálogo. No aporta nada a este, ni parece tener ningún tipo de carga significativa. Es decir, podría titularse así, o de cualquier manera. Es la sensación que uno tiene al releer el relato, que el autor no ha puesto ningún interés en el título, cosa que nunca se debe hacer.

La resolución del relato resulta bastante visual con ese doble suspiro nocturno. Pero nos quedamos bastante fríos con la frase “-Últimamente no sé qué me pasa, que no hago más que suspirar.” No hay ningún giro de significación, ni sorpresa, ni un golpe de humor que nos permite abandonar el relato completamente satisfechos. Un final desangelado.

En definitiva, se trata de una descripción de una situación cotidiana y humorística que, desde mi punto de vista, no cumple eficazmente con su cometido.

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