El cine francés por lo general, y la nouvelle vague en particular, tiene un enorme prestigio en todo el mundo. Los fans de directores como Trouffat, Godard, Rohmer, Chabrol and company se cuentan por miles. Las paredes de muchas casitas de universitarios around the world están decoradas con el cartel de "Al final de la escapada" de Godard (en frente probablemente del de "Desayuno con diamantes"). Lo que no admite dudas, es que la nouvelle vague abrió un camino en el cine, una nueva manera de rodar, mayor libertad y espontaneidad, temáticas diferentes, incluso interpretaciones diferentes. Fue una ruptura en el cine. Y algunas de esas películas deben ser reivindicadas como el testimonio de ese giro brutal de la estética cinematográfica. Muchos de esos directores fueron grandes estudiosos e intelectuales como el caso de Godard y también ayudaron a la evolución del cine y la llegada de la modernidad al séptimo arte con sus investigaciones teóricas.
Ahora bien, desde España se venera el cine francés de una manera excesiva. Comprensible dado que nuestro cine es, salvo casos puntuales, una puta mierda. Pero la nouvelle vague terminó desembocando en un cine pedante y amanerado a más no poder. Un cine burgués para burgueses que buscaban creerse intelectuales. El paradigma de esto es el puto Claude Chabrol. Un brasas que siempre cuenta la misma historia. La corrupción moral de los burgueses de provincias. ¿Como no te morirás tú también Chabrolín? Y Eric Rohmer iba por esta línea. Cine autocontemplativo, onanista, con cierto aroma pop en su día, que cuenta con una legión de seguidores.
Pauline en la playa es una de sus películas. Visible y olvidable, graciosilla e intrascedente. Y sobre todo, carente de vida, artificial, francés en suma. ¿Por qué los universitarios no tendrán en sus paredes el cartel de "Accatone", "Roma: ciudad abierta" o de "Las noches de Cabiria". El cine francés es más cool, pero quienes abrieron la brecha fueron los italianos, mucho más reivindicables. Pero eso es otra historia.
Por supuesto no todo el cine francés apesta, siempre hay excepciones. Y muchos de los directores de la nouvelle vague hicieron obras maestras, pero no tantas como siempre ha dado la sensación. Y Eric Rohmer no firmó ninguna. 89 años está bien. Era hora de morir.
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