martes, 2 de marzo de 2010

Sigur Ros y la SGAE

El otro día leyendo una entrevista a Mikel Erentxun, reflexioné sobre la evolución de la música pop-rock y sobre la manera en la que el oyente accede a esa música. Reflexioné más o menos durante 10 segundos. Que la vida moderna es veloz, y la reflexión, como el amor, es fugaz.

Mmmm... Erentxun se quejaba de que la cultura y, por ende, la música había que pagarla. Todo ese rollo que ya conocemos. La cosa es que ahora los músicos viven de los conciertos. Y para hacer conciertos hay que saber tocar, un poco, al menos. Y currárselo. Y viajar. Y ensayar. O sea, trabajar.

Y salvo que seas Beyoncé, que no necesitarís dar conciertos, (pero los da) los artistas de la música se han visto obligados a adaptarse a los nuevos tiempos. Muchos se han aprovechado y han entendido las pobilidades de Internet para mejorar y facilitar la conexión con posibles oyentes que luego vayan a los conciertos.

Pero los acomodados que se pasaban dos días por el estudio de grabación a cantar cuatro tonterías compuestas por varios músicos y productores para ellos, se quejan amargamante de que estamos "acabando con la música". Ni que decir tiene que mientras exista una guitarra o un bombo la música no terminará nunca. Pero estos gañanes a lo que no les gusta currar se quejan de la gratuidad de la canciones en la red.

Lo que se termina es el imperio discográfico que se aprovechaba de los amantes de la música con precios abusivos. Pero siempre habrá canciones y música. Así que Rosarito Flores, a currar.

A currar como estos chavles islandeses liderados por Jonsi. Unos tíos raros llamados Sigur Ros capaces de hacer maravillas como esta, titulada "Saeglopur". Por estos, sí que pago, Ramoncín, que eres un mindundi.

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